Un nirvana natural
El 10 de noviembre del 2005, la Asociación de Guías firmó un acuerdo en conjunto con el Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales para regular y proteger el Monumento Natural Saltos de Damajagua.
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La conmoción que se nos presenta al admirar el panorama del conglomerado de Los Veintisiete Charcos del Río Damajagua debe ser más que similar a la de nuestros antepasados taínos. Refirámonos en lo más profundo de nuestro subconsciente ancestral a la sensación de protección y bienestar de que nos convida el cubrimiento de los ramales vegetales frente al sol y a la pulcritud atávica que caracteriza a sus aguas.
Los al parecer innumerables saltos, escaladas, deslizadas sobre las rocas calizas y coqueterías con la muerte que durante el trayecto se viven pueden sin duda alguna pasarnos de unos individuos de tendencia sedentaria a unos que se creen capaces de realizar actos superheroicos.
Geológicamente en la Cordillera Septentrional y perteneciente a la provincia de Puerto Plata, esta área protegida recibe a miles de turistas extranjeros e internos cada año desde principios de los años noventa cuando comenzó a ser destino turístico.
Armados con cascos, chalecos salvavidas, y guiados por un paladín, que en la mayoría de los casos vio pasar su niñez en este
paraíso, nos proponemos escalar cada una de las charcas y laderas cada una más espectacular que la otra.
Ni hablar de la baja temperatura que a raíz de estar en estado permanente de humedad nuestros cuerpos asimilan como hábito y con muy probable líquido salino en nuestros ojos admiramos emotivos y de forma empañada el mítico pero tropical panorama que luce extraído de una novela mágico-realista de García Márquez.
Después de las incontables trepadas, encaramadas y ascensos se ha de bajar de la montaña, pero no sin antes admirar el manantial de los charcos, el charco número 27, cuya altura se compara a los tres pisos de altura, por el que hemos de aventurarnos y lanzarnos paralelamente a éste a fin de comprobar la ley de la gravedad con nuestros propios cuerpos. Sólo con esa hazaña sentimos nuestra misión completada y es cuando lo logramos creemos ser todopoderosos.
Dos docenas de rampas y toboganes calizos nos llevan al descenso y al término de esta área ecológica donde a penas varias horas antes, fuimos otros.
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La conmoción que se nos presenta al admirar el panorama del conglomerado de Los Veintisiete Charcos del Río Damajagua debe ser más que similar a la de nuestros antepasados taínos. Refirámonos en lo más profundo de nuestro subconsciente ancestral a la sensación de protección y bienestar de que nos convida el cubrimiento de los ramales vegetales frente al sol y a la pulcritud atávica que caracteriza a sus aguas.
Los al parecer innumerables saltos, escaladas, deslizadas sobre las rocas calizas y coqueterías con la muerte que durante el trayecto se viven pueden sin duda alguna pasarnos de unos individuos de tendencia sedentaria a unos que se creen capaces de realizar actos superheroicos.
Geológicamente en la Cordillera Septentrional y perteneciente a la provincia de Puerto Plata, esta área protegida recibe a miles de turistas extranjeros e internos cada año desde principios de los años noventa cuando comenzó a ser destino turístico.
Armados con cascos, chalecos salvavidas, y guiados por un paladín, que en la mayoría de los casos vio pasar su niñez en este
Ni hablar de la baja temperatura que a raíz de estar en estado permanente de humedad nuestros cuerpos asimilan como hábito y con muy probable líquido salino en nuestros ojos admiramos emotivos y de forma empañada el mítico pero tropical panorama que luce extraído de una novela mágico-realista de García Márquez.
Después de las incontables trepadas, encaramadas y ascensos se ha de bajar de la montaña, pero no sin antes admirar el manantial de los charcos, el charco número 27, cuya altura se compara a los tres pisos de altura, por el que hemos de aventurarnos y lanzarnos paralelamente a éste a fin de comprobar la ley de la gravedad con nuestros propios cuerpos. Sólo con esa hazaña sentimos nuestra misión completada y es cuando lo logramos creemos ser todopoderosos.
Dos docenas de rampas y toboganes calizos nos llevan al descenso y al término de esta área ecológica donde a penas varias horas antes, fuimos otros.








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